Cuando buscamos el éxito de un producto nos enfrentamos a un gran dilema: intentamos ofrecer tantas funcionalidades como sea posible para aumentar su utilidad y, por otro lado, queremos ofrecer rápidamente un producto confiable para comenzar a generar ganancias cuanto antes.
Un concepto que puede ayudarnos a responder esta duda, equilibrando velocidad en la entrega con la construcción de un producto que realmente añada valor, es el concepto de Producto Mínimo Viable.
Desafíos de desarrollar un producto completo
Normalmente cuando construimos un producto de software, este está compuesto por diversas funcionalidades.
Nuestra idea inicial es desarrollar, probar y validar todas las funcionalidades identificadas para empaquetarlas y entregarlas a nuestros clientes.
El problema es que, debido a nuestra intención de brindar un producto completo, el tiempo que utilizamos para desarrollarlo puede ser extenso; y para el momento en que finalmente tendremos el producto listo, es posible que algunas de las funcionalidades ya no tengan sentido para nuestro cliente.
Otras veces, el usuario recibe un producto que no cumple con sus expectativas: olvidamos incluir alguna funcionalidad dentro del alcance, o simplemente nuestra comprensión de la necesidad no era la correcta. En otras ocasiones, ni siquiera el propio usuario sabía cuáles eran las funcionalidades que necesitaba.
Estos hechos generan retrabajo para efectuar ajustes y correcciones, y causan desperdicio de esfuerzo y tiempo en nuestro proceso de desarrollo.
El Enfoque del Producto Mínimo Viable
Por otro lado, imaginemos el siguiente escenario:
Una vez identificadas las funcionalidades del producto, en lugar de desarrollar el alcance completo, hacemos un ejercicio de alineamiento y priorización, y seleccionamos algunas de las funcionalidades que entendemos serán las más utilizadas y/o añadirán mayor valor para el cliente en un primer momento. Entonces, nos enfocamos en ellas y las desarrollamos.
Luego, empaquetamos estas funcionalidades y las entregamos al cliente, explicándole que esta será la versión inicial de nuestro producto, y que ya posee funcionalidades robustas y utilizables. A esta primera versión la llamamos Mínimo Producto Viable, o MVP por sus siglas en inglés.
Beneficios del MVP: Generación Rápida de Valor con Alto Impacto
Tengamos en cuenta que, hasta este punto, el tiempo en el que entregamos estas funcionalidades iniciales es menor (y probablemente mucho) que el tiempo que nos habría tomado construir todos los ítems de nuestro backlog.
Adicionalmente, como el usuario ya puede utilizar esta primera versión construida, nuestro producto ya ha comenzado a generar un valor real para nuestro cliente en el día a día.
Ciertamente, no todas las necesidades que pretendemos atender serán satisfechas en este primer momento; sin embargo, el cliente ya consigue solucionar algunas de ellas: las más críticas, gracias a nuestra priorización.
Iteración y Evolución: el Feedback del Cliente como Motor de Mejora
Además, estamos propiciando una excelente oportunidad para que nuestro cliente pruebe y valide estas funcionalidades en la vida real, permitiéndonos recopilar su feedback. Esto es sumamente importante porque estamos convirtiéndolo en parte activa en nuestro proceso de desarrollo, aportando su visión del producto y aclarando nuestra comprensión de su necesidad.
Con el feedback recopilado conseguimos priorizar las funcionalidades restantes, mejorar aquellas que todavía están incompletas, o incluso descartar funcionalidades que ya no tengan sentido, con la finalidad de crear un incremento sobre la entrega previa, adicionando funcionalidades nuevas y mejorando las anteriores.
Optimización del Esfuerzo evitando Desperdicios
Después de la segunda entrega, basada en el feedback obtenido, el cliente podría identificar que todavía necesita algunas funcionalidades del backlog, o también podría entender que la versión actual del producto ya es suficiente para satisfacer sus necesidades, y no necesita de más características que le agreguen poco valor. De esta forma, evitamos desperdicios en el proceso de desarrollo, y podemos enfocar nuestro esfuerzo en otras demandas que generen mayor rentabilidad.
Conclusión
En resumen, entre los beneficios de la aplicación del concepto de MVP observamos:
- Enfoque en las necesidades más críticas
- Generación rápida de valor
- Optimización en el Time-to-Market y en el Time-to-Learn
- Retroalimentación y validación de hipótesis en ciclos cortos
- Maximización del esfuerzo realizado
- Inclusión del usuario final en el desarrollo y aprovechamiento de su feedback
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